Pero...
¿cuándo comenzó esto
de la movilidad sostenible?
Fue en los años sesenta cuando comenzaron
a alzarse las primeras voces críticas
cuestionando el modelo de transporte y el
aumento de infraestructuras viarias. La
crisis del petróleo elevó
la alarma cuestionando la capacidad de carga
del medio natural. ¿Tiene límites
la forma en que nos estamos desarrollando
sobre nuestro planeta?
Donde quedó “oficialmente”
establecido que el modelo occidental de
desarrollo era el responsable de importantes
impactos medioambientales fue en la cumbre
de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente
Humano celebrada en Estocolmo en 1972. Posteriormente
se celebró la Cumbre de la Tierra
de Río de Janeiro de 1.992, en la
que se iniciaron las primeras conversaciones
internacionales sobre el calentamiento global
de la Tierra que desembocaron en los acuerdos
de Kioto de 1997. Allí se vió
que uno de los factores fundamentales que
incidían en este calentamiento era
la emisión de gases de efecto invernadero
generados en su mayor parte por la combustión
de los vehículos a motor.
La primera vez que se utilizó el
concepto de desarrollo sostenible fue en
1987, en el Informe Brundtland, donde se
definió como aquél tipo de
desarrollo que debiera seguir la especie
humana para poder prolongar su existencia
en el planeta sin hipotecar su futuro. Este
nuevo modelo de desarrollo se refiere a
todos los campos de la actividad humana,
entre los que se encuentra también
el transporte.
Precisamente es este uno de los sectores
que más negativamente influyen sobre
el medio ambiente. Por un lado consume un
gran número de recursos energéticos,
y por otro lado genera contaminantes que
son emitidos a la atmósfera afectando
a nuestra salud y provocando el efecto invernadero.
Sin embargo, no hay que olvidar que el transporte
es un elemento indispensable para las actividades
económicas y sociales, y desde esa
importancia hay que buscar nuevas fórmulas
que lo hagan más sostenible.
La tendencia hoy en día se dirige
hacia el diseño de espacios territoriales
compactos donde el automóvil, inicialmente
concebido para ser el único transporte
válido en los desplazamientos de
las personas, pasa a ser discriminado, en
favor de otros medios que como la bicicleta,
ir a pie o el transporte público
contaminan menos, son más asequibles
económicamente y más accesibles
a todas las personas.
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